Sempre és 8 de març


Març 14, 2008, 4:44 pm
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Historia de los bonobos con gafas

Escrita por Adela Turín, ilustrada por Nella Bosnia.
Editorial LUMEN, colección a favor de las niñas.

“Hace muchos, muchísimos años, la tribu de los bonobos vivía en un bosquecillo frondoso. Los bonobos estaban siempre muy ocupados mascando los frutos y bayas, pepitas y semillas, raíces y capullos, que las bonobas recogían todo el día para ellos y para los bonobos chiquitines”

Y mientras las bonobas trabajaban, los bonobos se pasaban el tiempo sin hacer nada y molestando a todo el mundo con sus ruidos y sus charlas…

“Un día, un poco aburridos de hacer siempre lo mismo, los bonobos decidieron instruirse. Depués de días y más días de discusiones, votaciones, deliberaciones, conclusiones y decisiones…los cuatro bonobos más guapos partieron hacia Belfast, para aprender inglés.”

“Y un buen martes, los cuatro guapos volvieron de Belfast, cada uno con un par de gafas y una maleta negra. Los cuatro bonobos gafudos se instalaron en el árbol más alto, y se pasaron un día entero gritando palabras rarísimas que nadie sabía ni entendía: “Full! Stop! Ring! Black!”, gritaban.

Los otros bonobos estaban petrificados de admiración.”

y entonces les enseñaron a lo otros bonobos las palabras y cuando las habían aprendido les daban un par de gafas negras que habían traido en las maletas, pero…

“También las bonobas escuchaban las lecciones, y también ellas aprendieron las palabras. Pero los bonobos no les daban las gafas, porque había la costumbre de que las bonobas llevarán un pañuelo en la cabeza, y con el pañuelo las gafas resbalaban y caían.

Algunas bonobas quisieron quitarse el pañuelo para poder llevar gafas, pero los bonobos se rieron y burlaron tanto que tuvieron que volver a ponerse los pañuelos a toda prisa. Y los bonobos pensaban: “Es mejor así. Porque si las bonobas se pusieran también a enseñar las palabras, ¿quién recogería los frutos y las bayas, las pepitas y las semillas, las raices y los capullos para nosotros y para los pequeños?”

Pero las bonobas se cansaron…

“Y un buen día decidieron cambiar de bosquecillo y hacer solo aquellas cosas que les gustaban de verdad.”

Y plantaron flores y hierbas aromáticas, hicieron música, fabricaron hamacas fresquitas para el verano y tejieron colchas para las noches frías, se inventaron juguetes para los niños…

“El bosquecillo se volvió bonito, y tranquilo, y cómodo. Estaba lleno de música y juegos. Olía muy bien. Las bonobas y los bonobitos recogían juntos los frutos y bayas, pepitas y semillas, raíces y capullos, cada uno para sí y todos para los más pequeños.”

Y los bonobos tuvieron que quitarse las gafas y buscarse la comida…

“Y parece, incluso, que algunos bonobos pidieron a las bonobas quedarse allí y compartir aquella vida tan agradable. Pero sobre esto nada se sabe con certeza: esta historia ocurrió hace tantos, tantísimos años.”

FIN

 


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