Sempre és 8 de març


Març 18, 2008, 7:09 pm
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ESKAPA, OLVIDA Y REINVENTA TU VIDA

A la mujer, al nacer, le kitan la voz.
Harta de tanto silencio, harta del olvido,
os la traigo hoy, os la canto yo!

Puede ke tú o tú no estés de acuerdo,
pero tranquilo machito, no tienes porké escucharlo,
estás en tu pleno derecho, yo también ejerceré el mío
y digo y pienso lo ke kiero,
akí y ahora, en este momento.

No es tu culpa ni la mía.
a la mujer la hicieron muda,
al hombre sordo,
a mi débil, en apariencia,
a ti fuerte, sea cual sea la circunstancia.

La mujer siempre ha sido la guarra, la zorra, la putilla,
la ke kalienta tu polla…
Pero nunca has pensado ke también ha sido la invisible,
la desaparecida,
la atada de manos y pies,
la de la espada y la pared.

Ni keremos más, ni tampoco menos,
solo ansiamos recuperar la voz.
Tú y yo en el mismo juego.
No entiendo por ké uno es criticado
y el otro alavado.
Por ké tú en un pedestal
y yo pasando vergüenza,
a tu lado?!

Sólo keremos libertad.
Ya no más maltrato,
ni físico, ni psicológico.
No más decirnos puta
si tú eres el primero
ke vendes tu cuerpo y tu mente
a lo ke dice la gente o la tele.

Basta ya de salarios inferiores,
de miradas por encima,
de tipos ke follan
y tías ke sólo calientan.
Basta ya de oscuridad, de rincones,
de falsa apariencia.
Nosotras también keremos llorar,
reír y mojar…
sin ke nadie se de cuenta.

Así pues, no somos tan diferentes.
De destrozarnos ya se encargan las iglesias, los gobiernos.
Para ké echar más leña al fuego?!
Sigamos el juego,
disfrutemos el uno del otro,
no hagamos caso de la historia
y empecemos a vivir la nuestra,
la propia.

Y si después de esto
alguien sigue riendo
es ke no ha entendido nada,
ni lo hará.
Simplemente seguirá siendo
el típico tipo duro
ke se esconde tras su kapa,
kizás tras su mano
ke empuja mi kara hacia el suelo!

El ke pretende hacernos kallar
porké no soporta ke una mujer
sea algo más ke koño o florero.
No soporta ke mostremos el alma,
algo ke él nunca aprenderá porké…
aunke no lo crea…
sigue entre rejas, a ciegas.
Es tan víctima del sistema
ke no encuentra la salida

ESKAPA, OLVIDA Y REINVENTA TU VIDA!
Dona, deslliga’t!



Recorda respirar
Març 18, 2008, 4:05 pm
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Juntes, sota el mateix paraigües,
entre bassots de prejudicis,
i males mirades,
se saben lliures sumant la seua pell…

Passe el que passe recorda respirar
que em sentiré ningú si un dia em faltes tu.

Juntes, en el mateix paisatge,
a voltes amb desfici,
però sempre amb coratge.

Juntes, amb el mateix llenguatge,
desterren els judicis
i esborren les paraules.
se senten soles entre tanta gent…
Se senten mudes i no els cal la veu…
Passe el que passe recorda caminar,
que el pas no el tinc segur si un dia no vens tu.

Passe el que passe recorda respirar
Passe el que passe recorda caminar,
Passe el que passe recorda respirar
Passe el que passe recorda imaginar
un dia, en el futur,
on siga lliure amb tu.

silenciada.jpg



Març 14, 2008, 4:46 pm
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ROSA CARAMELO

(Adela Turín y Nella Bosnia)
(Editorial Lumen, Barcelona,1976)

Había una vez en el país de los elefantes una manada en que las elefantas eran suaves como el terciopelo, tenían los ojos grandes y brillantes, y la piel de color rosa caramelo.
Todo esto se debía a que, desde el mismo día de su nacimiento, las elefantas sólo comían anémonas y petunias. Y no era que les gustaran estas flores: las anémonas y todavía peor las petunias- tienen un sabor malísimo.
Pero, eso sí, dan una piel suave y rosada y unos ojos grandes y brillantes.
Las anémonas y las petunias crecían en un jardincillo vallado. Las elefantitas vivían allí y se pasaban el día jugando entre ellas y comiendo flores.
Pequeñas , decían sus papás, tenéis que comeros todas las petunias y no dejar ni una sola anémona, o no os haréis tan suaves y tan rosas como vuestras mamás, ni tendréis los ojos tan grandes y brillantes, y, cuando seáis mayores, ningún guapo elefante querrá casarse con vosotras.
Para volverse más rosas, las elefantitas llevaban zapatitos color de rosa, cuellos color de rosa, y grandes lazos color de rosa en la punta del rabo.
Desde su jardincito vallado, las elefantitas veían a sus hermanos y a sus primos, todos de un hermoso color gris elefante, que jugaban por la sabana, comían hierba verde, se duchaban en el río, se revolcaban por el lodo y hacían la siesta debajo de los árboles.
Sólo Margarita, entre todas las pequeñas elefantas, no se volvía ni un poquito rosa, por más anémonas y petunias que comiera.
Esto ponía muy triste a mamá elefanta y hacía enfadar a papá elefante.
Veamos, Margarita , le decían, ¿por qué sigues con ese horrible color gris, que sienta tan mal a una elefantita? ¿Es que no te esfuerzas? ¿Es que eres una niña rebelde? ¡Mucho cuidado, Margarita, porque si sigues así no llegarás a ser nunca una hermosa elefanta!
Y Margarita, cada vez más gris, mordisqueaba unas cuantas anémonas y unas pocas petunias para que sus papás estuvieran contentos.
Pero pasó el tiempo, y Margarita no se volvió de color de rosa. Su papá y su mamá perdieron poco a poco la esperanza de verla convertida en una elefanta guapa y suave, de ojos grandes y brillantes. Y decidieron dejarla en paz.
Y un buen día, Margarita, feliz, salió del jardincito vallado. Se quitó los zapatitos, el cuello y el lazo color de rosa.
Y se fue a jugar sobre la hierba alta, entre los árboles de frutos exquisitos y en los charcos de barro.
Las otras elefantitas la miraban desde su jardín. El primer día, aterradas. El segundo día, con desaprobación. El tercer día, perplejas. Y el cuarto día, muertas de envidia.
Al quinto día, las elefantitas más valientes empezaron a salir una tras otra del vallado. Y los zapatitos, los cuellos y los bonitos lazos rosas quedaron entre las petunias y las anémonas.
Después de haber jugado en la hierba, de haber probado los riquísimos frutos y de haber dormido a la sombra de los grandes árboles, ni una sola elefantita quiso volver nunca más a llevar zapatitos, ni a comer petunias o anémonas, ni a vivir dentro de un jardín vallado.
Y desde aquel entonces, es muy difícil saber, viendo jugar a los pequeños elefantes de la manada, cuáles son elefantes y cuáles son elefantas. ¡Se parecen tanto!



Març 14, 2008, 4:44 pm
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ARTURO Y CLEMENTINA

NARRADOR.- Un hermoso día de primavera Arturo y Clementina, dos jóvenes y hermosas tortugas rubias se conocieron al borde de un estanque y aquella misma tarde descubrieron que estaban enamorados.

Clementina, alegre y despreocupada, hacía muchos proyectos para su vida futura mientras paseaban los dos a orillas del estanque y pescaban alguna cosilla para la cena.

CLEMENTINA.- Ya verás qué felices seremos. Viajaremos y descubriremos otros lagos y otras tortugas diferentes, y encontraremos otra clase de peces y otras plantas y flores en la orilla… ¡Será una vida estupenda! Iremos incluso al extranjero. ¿Sabes una cosa? Siempre he querido visitar Venecia…

ARTURO.- (Sonriendo vagamente). Sí.

NARRADOR.-Pero los días transcurrían iguales al borde del estanque. Arturo había decidido pescar él solo para los dos y así Clementina podría descansar. Llegaba a la hora de comer con renacuajos y caracoles.

ARTURO.- ¿Cómo estás, cariño? ¿Lo has pasado bien?

CLEMENTINA.-(Suspirando) ¡Me he aburrido mucho! ¡Todo el día sola esperándote!

ARTURO.- (Gritando indignado) ¡ABURRIDO! ¿Dices que te has aburrido? Busca algo que hacer. El mundo está lleno de ocupaciones interesantes. ¡Sólo se aburren los tontos!

NARRADOR.- A Clementina le daba mucha vergüenza ser tonta, y hubiera querido no aburrirse tanto, pero no podía evitarlo. Un día, cuando volvió Arturo…

CLEMENTINA.- Me gustaría tener una flauta. Aprendería a tocarla, inventaría canciones, y eso me entretendría.

ARTURO.- ¿TÚ? ¿Tocar la flauta tú? ¡Si ni siquiera distingues las notas! Eres incapaz de aprender. No tienes oído.

NARRADOR.- Aquella misma noche, Arturo compareció con un hermoso tocadiscos y lo ató bien a la casa de Clementina.

ARTURO.- Así no lo perderás. ¡Eres tan distraída…!

CLEMENTINA.- Gracias.

NARRADOR.- Pero aquella noche, antes de dormirse, estuvo pensando por qué tenía que llevar a cuestas aquel tocadiscos tan pesado en lugar de una flauta ligera, y si era verdad que no hubiera llegado a aprender las notas y que era distraída. Pero después, avergonzada, decidió que tenía que ser así, puesto que Arturo, tan inteligente, lo decía. Suspiró resignada y se durmió.

Durante unos días, Clementina escuchó el tocadiscos. Después se cansó. Era, de todos modos, un objeto bonito y se entretuvo limpiándolo y sacándole brillo; pero al poco tiempo volvió a aburrirse.

Un atardecer, mientras contemplaban las estrellas a orillas del estanque silencioso…

CLEMENTINA.- Sabes, Arturo, algunas veces veo unas flores tan bonitas, de colores tan extraños, que me dan ganas de llorar… Me gustaría tener una caja de acuarelas y poder pintarlas.

ARTURO.- (Riéndose) ¡Vaya idea ridícula! ¿Es que te crees una artista? ¡Qué bobada!

CLEMENTINA.- (Aparte) Vaya, ya he vuelto a decir una tontería. Tendré que andar con mucho cuidado o Arturo va a cansarse de tener una mujer tan estúpida…

NARRADOR.- Y se esforzó en hablar lo menos posible. Arturo se dio cuenta en seguida.

ARTURO.- (Aparte) Tengo una compañera aburrida de veras. No habla nunca y, cuando habla, no dice más que disparates.

NARRADOR.- Pero debía sentirse un poco culpable y, a los pocos días, se presentó con un paquetón.

ARTURO.- Mira, he encontrado a un amigo mío pintor y le he comprado un cuadro para ti. Estarás contenta, ¿no? Decías que el arte te interesa. Pues ahí lo tienes. Átatelo bien porque, con lo distraída que tú eres, ya veo que acabarás por perderlo.

NARRADOR.- La carga de Clementina aumentaba poco a poco. Un día se añadió un florero de Murano.

ARTURO.-¿No decías que te gustaba Venecia? Tuyo es. Átalo bien para que no se te caiga. ¡Eres tan descuidada!

NARRADOR.- Otro día llegó una colección de pipas austriacas dentro de una vitrina. Después una enciclopedia…

CLEMENTINA.- (Suspirando) Si por lo menos supiera leer…

NARRADOR.- Llegó un momento en que fue necesario añadir un segundo piso. Con la casa de dos pisos a sus espaldas, ya no podía ni moverse. Arturo le llevaba la comida y esto le hacía sentirse importante.

ARTURO.- ¿Qué harías tú sin mi?

CLEMENTINA.- (Suspirando) Claro. ¿Qué haría yo sin ti?

NARRADOR.- Poco a poco la casa de dos pisos quedó también completamente llena. Pero ya casi tenían la solución: tres pisos más se añadieron ahora a la casa de Clementina que hacía ya mucho tiempo que se había convertido en un rascacielos.

Una mañana de primavera decidió que aquella vida no podía seguir más tiempo. Salió sigilosamente de la casa y se dio un paseo: fue muy hermoso, pero muy corto. Arturo volvía a casa para el almuerzo y debía encontrarla esperándole. Como siempre.

Pero, poco a poco el paseíto se convirtió enana costumbre y Clementina se sentía cada vez más satisfecha de su nueva vida. Arturo no sabía nada, pero sospechaba que ocurría algo.

ARTURO.- ¿De qué demonios te ríes? Pareces tonta.

NARRADOR.- Pero Clementina esta vez no se preocupó en absoluto. Ahora salía de casa en cuanto Arturo volvía la espalda y él la encontraba cada vez más extraña, y encontraba la casa cada vez más desordenada. Pero Clementina empezaba a ser verdaderamente feliz y las regañinas de Arturo ya no le importaban.

Y un día Arturo encontró la casa vacía. Se enfadó muchísimo y no entendió nada. Años más tarde seguía contándoles lo mismo a sus amigos.

ARTURO.- Realmente era una ingrata la tal Clementina. No le faltaba de nada. ¡Veinticinco pisos tenía su casa, y todos llenos de tesoros!

NARRADOR.-Las tortugas viven muchísimos años y es posible que Clementina siga viajando feliz por el mundo. Es posible que toque la flauta y haga hermosas acuarelas de plantas y flores. Si encuentras una tortuga sin casa, intenta llamarla: ¡Clementina! ¡Clementina! Y si te contesta, seguro que es ella.

 

 



Març 14, 2008, 4:44 pm
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Historia de los bonobos con gafas

Escrita por Adela Turín, ilustrada por Nella Bosnia.
Editorial LUMEN, colección a favor de las niñas.

“Hace muchos, muchísimos años, la tribu de los bonobos vivía en un bosquecillo frondoso. Los bonobos estaban siempre muy ocupados mascando los frutos y bayas, pepitas y semillas, raíces y capullos, que las bonobas recogían todo el día para ellos y para los bonobos chiquitines”

Y mientras las bonobas trabajaban, los bonobos se pasaban el tiempo sin hacer nada y molestando a todo el mundo con sus ruidos y sus charlas…

“Un día, un poco aburridos de hacer siempre lo mismo, los bonobos decidieron instruirse. Depués de días y más días de discusiones, votaciones, deliberaciones, conclusiones y decisiones…los cuatro bonobos más guapos partieron hacia Belfast, para aprender inglés.”

“Y un buen martes, los cuatro guapos volvieron de Belfast, cada uno con un par de gafas y una maleta negra. Los cuatro bonobos gafudos se instalaron en el árbol más alto, y se pasaron un día entero gritando palabras rarísimas que nadie sabía ni entendía: “Full! Stop! Ring! Black!”, gritaban.

Los otros bonobos estaban petrificados de admiración.”

y entonces les enseñaron a lo otros bonobos las palabras y cuando las habían aprendido les daban un par de gafas negras que habían traido en las maletas, pero…

“También las bonobas escuchaban las lecciones, y también ellas aprendieron las palabras. Pero los bonobos no les daban las gafas, porque había la costumbre de que las bonobas llevarán un pañuelo en la cabeza, y con el pañuelo las gafas resbalaban y caían.

Algunas bonobas quisieron quitarse el pañuelo para poder llevar gafas, pero los bonobos se rieron y burlaron tanto que tuvieron que volver a ponerse los pañuelos a toda prisa. Y los bonobos pensaban: “Es mejor así. Porque si las bonobas se pusieran también a enseñar las palabras, ¿quién recogería los frutos y las bayas, las pepitas y las semillas, las raices y los capullos para nosotros y para los pequeños?”

Pero las bonobas se cansaron…

“Y un buen día decidieron cambiar de bosquecillo y hacer solo aquellas cosas que les gustaban de verdad.”

Y plantaron flores y hierbas aromáticas, hicieron música, fabricaron hamacas fresquitas para el verano y tejieron colchas para las noches frías, se inventaron juguetes para los niños…

“El bosquecillo se volvió bonito, y tranquilo, y cómodo. Estaba lleno de música y juegos. Olía muy bien. Las bonobas y los bonobitos recogían juntos los frutos y bayas, pepitas y semillas, raíces y capullos, cada uno para sí y todos para los más pequeños.”

Y los bonobos tuvieron que quitarse las gafas y buscarse la comida…

“Y parece, incluso, que algunos bonobos pidieron a las bonobas quedarse allí y compartir aquella vida tan agradable. Pero sobre esto nada se sabe con certeza: esta historia ocurrió hace tantos, tantísimos años.”

FIN

 



Març 14, 2008, 4:38 pm
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CANÇO DE FER CAMÍ

Per a la Marina

Vols venir a la meva barca?
-Hi ha violetes, a desdir!
anirem lluny sense recança
d’allò que haurem deixat aquí.

Anirem lluny sense recança
-i serem dues, serem tres.
Veniu, veniu, a la nostra barca,
les veles altes, el cel obert.

Hi haurà rems per a tots els braços
-i serem quatre, serem cinc!-
i els nostres ulls, estels esparsos,
oblidaran tots els confins.

Partim pel març amb la ventada,
i amb núvols de cor trasbalsat.
Sí, serem vint, serem quaranta,
amb la lluna per estendard.

Bruixes d’ahir, bruixes del dia,
ens trobarem a plena mar.
Arreu s’escamparà la vida
com una dansa vegetal.

Dins la pell de l’ona salada
serem cinc-centes, serem mil.
Perdrem el compte a la tombada.
Juntes farem nostra la nit.



Març 14, 2008, 1:21 pm
Filed under: Contes

Refent la Ventafocs

…La Ventafocs desitjava tant, tant, tant anar a la festa, que al final ho aconseguí, però es va posar tan nerviosa que, al matí següent, no recordava res de res. Però allà es va trobar els dos senyors, amb una sabata de cristall de taló i de punta preparats per emprovar-li.

Al principi, gairebé no li cabia el peu a dins, però va fer força, i força, fins que el va poder ficar… i va ficar la pota!, ja que es va haver de casar amb el príncep.

Al príncep li agradaven molt les guatlles, però la Ventafocs era vegetariana: no menjava ni carn, ni peix, ni llet, ni ous, ni portava jaqueta de cuir! Però això sí, havia de cuinar les guatlles perquè eren el menjar que més li agradava al seu príncep. Li feia guatlles a la planxa, guatlles al forn, guatlles amb una cremeta deliciosa de panses i pinyons, guatlles a la bolonyesa, guatlles amb mongetes del ganxet… però res, mai encertava els gustos del seu maridet.

– Aquestes les trobo salades, aquestes són massa dolces, aquestes estan crues! –deia el príncep enrabiat-.

Mai cuinava les guatlles al gust del seu marit, i, a més, havia d’anar tot el dia a sobre d’aquelles sabates de taló de cristall de punta. Al principi intentava posar l’esquena recta quan portava les sabates, però queia cap enrera, així que va començar a inclinar-se cap endavant. I per la seva esquena, totes les idees van començar a relliscar. Ah, i la punta del peu, xafada completament. Cada vegada es trobava pitjor: malalta, trista… Tenia ganes d’explicar-ho a les seves amigues i així ho va fer.

– Quin rotllo de príncep, quin rotllo de guatlles i quin rotllo de talons! –explicava la Ventafocs-. Però les seves amigues li deien:

– No és per tant!- A mi m’ha tocat un príncep que li encanten les vaques i necessito vuit microones per escalfar-li el sopar.-

– Doncs el meu xicot és modern i jo haig d’anar amb unes plataformes de metre i mig pel carrer!

Així doncs, la Ventafocs va marxar pensant que es queixava massa del príncep i que no n’hi havia per tant, i, és clar, també va deixar d’explicar-li a les seves amigues els seus problemes… i va deixar de tenir amigues. Només tenia al príncep, les guatlles i les sabates de taló. L’esquena ben corbada i les plantes dels peus destrossades…

…I després d’uns anys… – jijijijiji, jejejejeje, jojojojojojo, jujujujujuju…. …Un dia va començar a riure i a pensar:

– Que innocent! Que innocent que era quan vivia amb els meus pares i em pensava que un príncep vindria a salvar-me! (jajaja,jejeje). Ara, després d’anys de viure aquí amb ell, me n’adono de que no et salva un príncep… Però ni un príncep, ni un camioner, ni un “disc-jockey”, ni una cantant d’Operación Triunfo… La única capaç de salvar-te ets…TU MATEIXA! Així que, per segona vegada en la seva vida, va cridar:

– PROOOOOOOOOUUUUUUUUUU!!!!!! I va aparèixer la fada… que era una basta! Bé, he de dir-vos que les fades són morenes, gordetes i peludes… i unes bastes!. Quan la fada va veure la Ventafocs la va abraçar ben fort, ben fort i ben fort. I la Ventafocs, quan es va sentir tan abraçada, es va posar a plorar:

– snif, snif…buàaaaaaaa!!!!! Feia tant temps que no plorava… Primer va començar plorant pel príncep i les guatlles i els talons, però després va continuar plorant més quan recordava que la seva madrastra sempre l’havia tractat malament, però és que el seu pare la tractava pitjor, i les seves germanes gairebé es moren per intentar estar ben, ben primes! Ho va plorar tot, tot, tot, fins i tot allò d’haver nascut a l’hospital en comptes de a casa. I va plorar també les seves dues vides anteriors, per si les mosques. I quan ja ho va haver plorat tot, se’n va adonar de que s’havia quedat buida, però no es va espantar perquè tenia la fada al costat, i perquè, a més, s’estava sentint millor que mai.

– Aaaaaahhhhh… Buida!. Amb la por que em feia sempre quedar-me buida! Uaaaauuuuu… però si és increïble! A més, la Ventafocs ara sí que sabia que la única cosa que havia de fer era omplir-se, però de coses precioses. I com que tenia la fada al costat, doncs ho va aconseguir.

Va deixar al príncep, els talons i les guatlles i va muntar un restaurant vegetarià. A més, va conèixer més dones que els hi havia passat el mateix que a ella. Va conèixer a la Rateta Presumida, que es va apuntar a un taller de com superar-se sent dolenta i va canviar el seu llaç per un fuet…Csss, cssssss! Ara no hi ha ningú dolent que li demani per casar-se…cssssss!

Després va conèixer a la Blancaneus i a la Bella Dorment, que s’estan despertant. Les van enverinar però mica en mica es van refent.

I va conèixer també a la Caputxeta Vermella, que el seu cas encara era pitjor, li va sortir violent el caçador!

– Però Caputxeta, tu no vas conèixer a aquest senyor amb una escopeta sota el braç?. Aish, un altre dia fixa-t’hi millor!

Bé, el cas és que ara estan totes molt contentes, però una mica enfadades, perquè els hi sembla molt malament el paper que han hagut de fer en els contes, de noies que no podien decidir res, de noies que esperaven que els hi demanessin la mà i que els hi robessin la vida… Però d’això ja n’hi havia prou:

– PROOOOOUUUUUU! I ara, aquestes dones escriuran el seu conte, i començarà així: – Vet aquí una vegada unes dones que no estaven soles…

Adaptació del conte de Nunila